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miércoles, 15 de febrero de 2012

San Valentín

Ayer fue San Valentín (o el día de El Corte Inglés como le llaman algunos) y como buen enamorado de mi pareja al igual que como buen borrego víctima del consumismo, por la tarde, nada más salir de trabajar, me lancé a por el regalo de La Jefa. Este año lo tenía fácil, el fin de semana  habíamos estado en un centro comercial y ella, sin ningún interés oculto, por supuesto, se había encargado de darme alguna que otra pista (sin ninguna sutileza) sobre lo que podía ser un buen regalo de San Valentín.

Así que, allí me fui de cabeza y la compré un estupendo colgante que la había gustado. Contento, me vine a casa, saqué al perro, me duché, publiqué una entrada en el blog, preparé la cena y me senté a esperarla puesto que tenía el turno de tarde y llegaría sobre la hora de la cena.

Y efectivamente, llegó algo tarde, cenamos, le di el regalo (ella puso cara de sorpresa fingida) y sin más, se fue a la ducha "Estoy cansada" fue lo que dijo. Vale, pero ¿y mi regalo? Ya, ya sé que se supone que cuando uno regala algo, no tiene que esperar nada a cambio...el altruismo y esas cosas se llama, creo. Pero que le den al altruismo. Yo también quería mi regalo y me había quedado sin él. Así que, haciendo de tripas corazón, me puse a ver la tele, esperando que saliera de la ducha para irnos a dormir...a ver si al menos me dejaba tocarla aunque fuera una teta.

Pero, cosas de la vida, justo cuando ya estaba concienciado que ese día yo no tendría regalo, aparece La Jefa en la puerta del salón, con actitud más que provocativa, vistiendo un picardias negro transparente que apretaba sus enormes tetas (calza una 100 de sujetador la moza) y con un minúsculo tanguita negro...menudo regalo de San Valentín.

(para que os hagáis una idea era algo parecido a este)

No hace falta que os digo que, ante la visión de esa diosa, que se apoyaba sensualmente en el marco de la puerta mientras sus manos jugueteaban con el borde del picardias, mi hermano calvo se puso en posición de firmes casi al momento. 

Por lo visto, ayer La Jefa tenía ganas de guerra, porque se lanzó sobre mí de inmediato. Retozamos un buen rato en el sofá hasta que se arrodillo y comenzó a comerme la polla. Yo, como lo cortés no quita lo valiente, la devolví sus atenciones una por una, y la estuve comiendo el coño hasta que se corrió entre gritos. Fue entonces cuando se levantó y me dijo que fuéramos a la cama...eso si, una vez que hubiera guardado al perro (no me preguntéis por qué, pero a La Jefa no la gusta follar mientras está el perro rondando por ahí. Según dice, es su niño y no es plan de pervertirlo). Desde luego que la situación era algo cómica. Allí los dos, con un calentón de mil demonios, ella con las tetas fuera del picardias y con el tanga perdido por el sofá, diciéndome muy seria que guardara al perro....cosas de mujeres supongo.

La cuestión es que, tarde cero coma en encerrar al perro en una habitación y correr al dormitorio. Allí estaba ella, a cuatro patas sobre la cama, su blanco culo apuntando contra mí..."esta noche quiero hacer el perrito" me dijo (la verdad es que sobre esto no me puedo quejar, La Jefa es una tía a la que le gusta probar todas las posiciones posibles...aunque esto me tuvo mosca un tiempo. Ya os contaré en otra entrada por qué) Visto esto, me lancé a la cama, me arrodillé tras ella y se la metí con fuerza. Estaba caliente como una perra en celo puesto que fue metérsela y empezar a gritar. Cuanto más gritaba, más fuerte bombeaba yo y si además a esto le unimos los "ánimos" que La Jefa me daba, pues nada. A machacarla el coño a pollazos tocaban (por cierto que La Jefa es de esas chicas que aunque tienen cara de no haber roto un plato en su vida, en cuanto notan una polla en el coño comienzan a soltar por la boca tales burradas que harían sonrojarse a un marinero) así que, con ese ritmo no tardamos mucho en corrernos los dos...pero bueno, aunque relativamente breve, fue muy, muy satisfactorio y un buen regalo de San Valentín.






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